Hacer deporte entre la guerra

Publicado hoy a las 11:07 am

• Las escuelas más vulnerables de México son las rurales, indígenas y unitarias, ubicadas en municipios con alta presencia del crimen organizado

Por: Horacio Erik Avilés Martínez

Por encima de la superficialidad del Mundial de Fútbol 2026 y del Mundialito Escolar, hay un campeonato más profundo jugándose en México, donde lo que se disputan son los cuerpos, la sangre, la salud, el futuro y la vida misma de los niños y jóvenes, el cual contienden las instituciones, organizaciones de la sociedad civil, padres de familia y ciudadanos que buscan mejorar el porvenir de las generaciones en formación de nuestra nación,  en choque irreconciliable respecto a la ambición de la delincuencia organizada y sus tentáculos, incluyendo su perversa narco cultura.

Las escuelas más vulnerables de México son las rurales, indígenas y unitarias, ubicadas en municipios con alta presencia del crimen organizado. Sus comunidades escolares son exactamente las que, en ese marco contextual, son revictimizadas por carecer de infraestructura deportiva, por contar con menos maestros de educación física certificados o carecer completamente de ellos, de tener menos acceso a programas como el Mundialito y menos aún, de contar con protección institucional para sus estudiantes y maestros.

El deporte escolar en México padece muchas omisiones históricas que los anuncios verticalistas no resuelven. Es preciso nombrar algunas de ellas:

1. México no tiene ligas deportivas escolares o municipales debidamente protocolizadas a nivel nacional, según el diagnóstico de infraestructura deportiva de la CONADE. Los torneos existen, pero la estructura permanente, la que formaría hábitos y daría continuidad al movimiento es casi inexistente más allá de las ciudades.
2. La educación física en las escuelas primarias y secundarias de México se imparte en promedio 2 horas semanales, muy por debajo del mínimo de 3 horas que organismos como la OMS y la propia Cámara de Diputados, en iniciativa de marzo de 2025, han propuesto como estándar mínimo para combatir el sedentarismo.
3. El 20.9% de los inmuebles escolares del país no tiene patio, canchas, ni áreas de usos múltiples. En Michoacán, donde una proporción significativa de escuelas rurales opera en condiciones precarias o bajo esquemas multigrado, esta cifra es probablemente mayor a la media nacional.
4. En los municipios bajo control territorial del crimen organizado, la actividad deportiva extraescolar ha sido cancelada de facto: no hay ligas comunitarias, no hay ferias deportivas, ni hay competencias municipales. El crimen organizado toca el deporte porque intimida y sojuzga a todo lo que reúne a las personas en un espacio público. Las canchas comunitarias son también espacios de reclutamiento, de ataques armados y de masacres, como se ha documentado en la nación, en nuestra entidad federativa y hasta en la misma Liga Municipal de Fútbol de Morelia, cuyas canchas se ubican, irónicamente, frente a la Fiscalía General del Estado de Michoacán.
5. Michoacán no cuenta con un protocolo específico de recuperación educativa y deportiva tras suspensiones de clases por violencia. Cuando las escuelas de Aguililla reabren, no existe una ruta clara para que los niños retomen la normalidad escolar, incluyendo la activación física y las actividades deportivas que contribuyen a la regulación emocional tras el trauma.
6. El reclutamiento de menores aún no está tipificado como delito autónomo en México. Esto significa que cuando un joven de 14 años de Coalcomán es captado por el crimen organizado, no hay un tipo penal que proteja específicamente su condición de víctima ni que persiga a quien lo reclutó. El vacío legal refuerza la impunidad y facilita la captación.

El 4 de marzo de 2026, las autoridades estatales anunciaban desde el corazón de la Tierra Caliente, uno de los territorios más violentos de México,  que más de 7 mil escuelas michoacanas participarían en el Mundialito Escolar 2026 y que casi 5 mil estudiantes recibirían cuatro gigabytes de internet gratis al mes.

Ese mismo día, en los municipios de Aguililla, Coalcomán y Chinicuila, a pocas horas de distancia en carretera, las escuelas seguían cerradas. Los niños no estaban en las canchas. Estaban en casa, detrás de las puertas, esperando que el silencio entre las ráfagas se prolongara lo suficiente para poder salir.

Este es el Michoacán de 2026: uno donde el Estado “apuesta”(sic)  por el deporte como semillero de paz y otra donde simplemente no llega. Dos michoacanes que coexisten en el mismo mapa, pero que pocas veces aparecen en el mismo párrafo del periódico, porque uno aparece en las inserciones pagadas y el otro, en el más visible de los casos, en la nota roja.

Es importante decirlo: el deporte escolar y la activación física, más que política de salud o de entretenimiento son política de supervivencia y sostenibilidad de nuestra sociedad. Hecho que, en Michoacán, así como en los estados más golpeados por el crimen organizado, la cancha puede ser el espacio que salva una vida o el espacio que se rinde ante quien tiene el arma.

Las siguientes cifras expresan el diagnóstico de un país que le ha fallado al cuerpo de su infancia de dos maneras simultáneas: privándola de movimiento físico y entregándola al movimiento de las organizaciones criminales. Ambas formas de violencia se retroalimentan. El niño que no tiene cancha, ni maestro de educación física, ni liga deportiva en su comunidad es el mismo niño que tiene más probabilidades de ser abordado por un reclutador a la salida de la escuela. Y eso, cuando todavía va a la escuela.

Entre 30 mil y 40 mil menores son reclutados anualmente por el crimen organizado en México, según la organización Reinserta.
La REDIM estima que entre 145 mil y 250 mil niñas, niños y adolescentes se encuentran en riesgo de ser cooptados.
El reclutamiento comienza desde los 9 a 11 años.
Entre 2023 y 2024, el número de menores probablemente víctimas de reclutamiento forzado aumentó 20.6% a nivel nacional, al pasar de 899 a 1,084 casos detectados, según la REDIM.
Michoacán ocupa segundo nacional en crímenes contra niños y adolescentes: 120 menores asesinados en el ciclo escolar 2024-2025.
De cada 100 niños que ingresaron a primaria en Michoacán en 2010, se estima que solo 18 concluirán sus estudios superiores en tiempo y forma.

Subrayémoslo: la actividad física regular en la infancia y adolescencia está asociada a menor impulsividad, mayor regulación emocional, mejor rendimiento académico y menor riesgo de consumo de sustancias. En contextos de violencia, el deporte organizado ofrece algo que el crimen organizado también ofrece y que el Estado rara vez garantiza: pertenencia, identidad grupal, estructura de tiempo y un adulto que te da instrucciones y se preocupa por ti.

Cuando una escuela en Tierra Caliente tiene una liga de futbol activa, un maestro de educación física presente todos los días y una cancha techada donde los niños pueden jugar incluso bajo la lluvia, ese espacio compite directamente con el modelo de reclutamiento del crimen organizado. Cuando no lo tiene, cuando la cancha es un patio de tierra sin porterías y el maestro de educación física visita la escuela cada quince días porque atiende cinco planteles simultáneamente, el vacío lo llena quien tenga la siguiente oferta más atractiva para un adolescente sin horizonte visible. O quien tenga una camioneta todo terreno para entrar ahí e intimidar.

El Mundialito Escolar 2026 es una apuesta institucional válida. Pero un torneo no es una política pública. Una política pública tiene presupuesto permanente, cobertura universal, enfoque diferenciado para los municipios en emergencia, protocolos de seguridad para los traslados de equipos en zonas de riesgo y evaluación de impacto. El Mundialito, hasta ahora, es una convocatoria y balones distribuidos. Ni siquiera eso está garantizado donde más se necesita.

Hay un argumento que pocas veces se hace explícito en la política educativa mexicana y que es necesario nombrarlo sin eufemismos: el cuerpo de los jóvenes michoacanos es un territorio en disputa. El crimen organizado disputa ese cuerpo desde los 9 años con una oferta que el Estado no ha podido igualar: dinero inmediato, identidad, poder y la ilusión de pertenencia. El abandono escolar es la puerta de entrada al reclutamiento y los factores que lo producen son exactamente los que también producen sedentarismo, fracaso académico y desconexión institucional: pobreza, violencia en el entorno, ausencia de adultos de referencia, escuelas sin condiciones mínimas, desplazamiento forzado y cobro de piso.

Cuando un joven en Apatzingán, en Zitácuaro o en Chinicuila abandona la escuela, no solo pierde la oportunidad de aprender matemáticas, también pierde el único espacio institucional donde su cuerpo tiene movimiento, competencia sana, comunidad y reglas que no se imponen con armas. Pierde el último territorio donde el Estado le tiene reservado un lugar. Por eso el deporte escolar es mucho más que la parte divertida del currículo que se recorta cuando hay presupuesto insuficiente o cuando la violencia cierra las escuelas. El deporte escolar es un componente estructural del derecho a la educación integral y, en los municipios de Michoacán más golpeados por el crimen organizado, es también un componente de la política de seguridad pública que ninguna estrategia policial puede reemplazar.

El Plan Michoacán por la Paz y la Justicia tiene el mérito de nombrar el problema. Pero un plan de paz que no reabre escuelas es un plan de pacificación parcial, que no atiende ni fortalece a los eslabones más débiles de la cadena humana educativa.

Es imprescindible que el presupuesto educativo estatal para 2027 incluya una partida específica e inamovible para infraestructura deportiva en planteles de municipios de alta marginación y/o incidencia delictiva, vinculada a los indicadores del mapa de riesgo propuesto.

Así también, es perentorio que el gobierno del estado gestione ante el poder legislativo y la federación se impulse la tipificación del reclutamiento forzado de menores como delito autónomo y que Michoacán presente los datos que permitan cuantificar el fenómeno en la entidad. Sin tipificación, no hay política pública; sin diagnóstico, no hay estrategia y sin estrategia, cada día es un asunto de vida o muerte para estudiantes, sus maestros y padres de familia.

Mientras tanto, vidas y destinos se siguen afectando: se anuncian eventos nacionales macro; pero, en comunidades de Aguililla había niños mirando por la ventana de su casa una calle desierta, tanto como su escuela, en donde no había clases, ni siquiera cancha. No había maestro de educación física. No había liga escolar. No había protocolo de retorno. No había política de paz que lo nombrara ni incluyera a él. Solo había silencio. Y en las sombras, como siempre, un reclutador los acechaba.

El deporte no va a ganar esta guerra solo. Pero sin el deporte para todos, sin el movimiento del cuerpo, sin la cancha, sin el compañero de equipo, sin el árbitro y sin el maestro que grita tu nombre cuando marcas un gol, la guerra la estarán ganando ellos. Solo con políticas públicas verdaderas: integrales, transversales, presupuestadas y permanentes, podrá superarse esta oscura etapa de la historia nacional. ¡Merecemos un gobierno educador!

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*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.

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